QUÉ TORRIJA TIENES
 
 

La Semana Santa pasó sin pena y con mucha gloria, y Fogonazo ha seguido al pie de la letra todos los itinerarios turísticos recomendados por Superflúor la semana pasada.

El Jueves Santo acudí a la procesión del Cristo "El pobre", con dos niñas que en su vida habían visto una procesión... y lo fliparon. "Dejad que las niñas se acerquen a mí", decía Jesús desde su paso. El Viernes Santo me fui con esas dos niñas a la sierra de Madrid, y las niñas fliparon mucho más. El olor a fritanga, a chuletas de cordero y a domingueros era insoportable en la sierra de Guadarrama. Hacia tiempo que no veía tanto chándal y modelos tan variados.

Pero lo mejor de la Semana Santa ha sido lo que nos hemos zampado estos días. Cochinillo asado en Segovia y mucho ponche segoviano (cuántas pastelerías ricas hay en Segovia). Y cordero lechal asado en Cercedilla, carrilleras estofadas, manitas de cerdo con boletus y muchos, muchos bocadillos en las excursiones por el monte; nunca se nos ocurriría hacer una barbacoa en el monte.

Y que sería de una Semana Santa sin sus buenas torrijas. La torrija es la quintaesencia de la Semana Santa en España. Esas rebanadas gruesas de pan mojadas en leche, fritas y empapadas de almíbar o de miel. No hay pastelería o restaurante que se precie que no tenga torrijas en sus menuses en esta época del año. Las torrijas son ideales como postre, después de una buena comida, o como merienda. También, si se te antoja, pues una para desayunar o para antes de acostarte, con un vaso de leche templadito. Vamos, que están buenas a cualquier hora del día.

Algunas de mis torrijas favoritas son las del Horno de San Onofre, en la calle de San Onofre, y las del restaurante La Austríaca, también en la calle de San Onofre.

¡Viva la torrija! y ¡Viva la fritanga!

Texto: Jorge Fogonazo. Foto: José Cabezas.